23.2.07

Polonia

Todo empezó cuando mi amiga Merche me dijo que se iba a Berlín a hacer un curso de alemán. Resulta que yo he hecho algún intento de aprender alemán por mi cuenta, pero eso es más difícil que subir un puerto en patinete, así que decidí acompañarla y apuntarme también a la academia. Decidimos añadir una semana, para hacer turismo, a las dos de academia. Recordaba que Berlín es muy adecuado para usar la bicicleta como medio de transporte y no me costó nada convencer a Merche para que nos las lleváramos. Eso sí, nos llevamos las viejas para poder dejarlas en la calle sin sufrir demasiado.
Cuando el avión llegó a Berlín, llovía con cierta intensidad. ¡Vaya recibimiento para llegar en bicicleta hasta el hotel! Vamos a recoger el equipaje y sólo aparecen las alforjas y las mochilas. Después de indagar, averiguamos que nuestras bicis se han quedado en Munich. Nos confesamos mutuamente que nos alivia no tener que empezar a pedalear con lluvia y que es una suerte que la compañía nos las lleve al hotel. Este será nuestro primer y último traslado en transporte público hasta que volvamos. Las dos semanas que hemos estado usando la bici por Berlín han sido una maravilla. Hay una gran cantidad de carriles bici que respetan tanto los automovilistas como los peatones y cuando no hay, se puede ir con tranquilidad tanto por la calzada como por la acera. Me sorprendía continuamente de que fuera respetada mi prioridad de paso en toda clase de cruces. Igualito que aquí.El primer sábado, nos vestimos de globeras y salimos a hacer millas. Elegimos una excursión que proponían en una revista de ciclismo que vimos que consiste en visitar unos lagos que hay hacia el sur, por Teupitz y Märkisch. Según la revista eran unos 90 km pero daba como punto de partida una estación de metro. Nosotras muy flamencas pensamos que vaya tontería ir en metro con lo bien que se pedalea por Berlín. Tardamos más de una hora en comprender el consejo del metro mientras descubríamos lo grande que es esa ciudad. Unos 20 km y muchos semáforos nos separaban del inicio de la ruta. Siempre por carreteras secundarias, pero con un tráfico intensísimo, visitamos varios lagos de la zona. En algunos tramos hay carril bici pero en cambio los arcenes son de un palmo y los coches desde luego no dejan el metro y medio al adelantar. Lo peor son las travesías de los pueblos que, muchas veces conservan el adoquinado y no siempre en buen estado. Lo mejor es lo llano del recorrido, porque si no con mi vieja bici de 13 kg que ni siquiera estaba bien hinchada porque tengo poca fuerza, ... . Total, nos hacemos unos 120 km en lugar de los 90 previstos y la cuarta parte son por ciudad. El domingo hacemos otra excursión, esta vez hacia el este, saliendo por Espandau y vemos más lagos y menos tráfico. Tampoco vemos muchos globeros.
A lo largo de la segunda semana decidimos que vamos a dedicar nuestra semana de turismo a visitar Polonia que está cerca y, ya que tenemos las bicis, haremos cicloTURISMO. Llegamos a dudar un poco, porque toda la gente a quien se lo explicábamos ponía cara de horror y nos decía que nos iban a robar, incluida una compañera polaca de la academia, pero llegamos a la conclusión de que la gente siempre exagera estas cosa y luego no hay para tanto. El viernes por la tarde engrasamos las bicis y pedimos prestada una bomba buena para hinchar un poco más, preparamos las alforjas con lo mínimo y dejamos en el hotel hasta la vuelta buena parte del equipaje.
El sábado por la mañana, después de desayunar copiosamiente, empiezo a comprobar que clase de bici me he llevado. Se ha salido la cubierta trasera y está rajada la cámara. Me acordé de que mi mecánico me había advertido "No hinches mucho las ruedas porque la llanta tiene muchos golpes y se te saldrá la cubierta". Exacto. Después de este pequeño incidente salimos por fin hacia Polonia. Sigue siendo llano aunque un poquito más ondulado. Nos resulta curioso ver a un globero vestido del Banesto y a dos del Kelme. Decidimos detenernos a hacer noche en Bad Freinwalde que todavía está en Alemania porque nos parece arriesgado tener que buscar alojamiento un poco tarde en un país que no conocemos.El domingo entramos en Polonia y decidimos dirigirnos hacia el sur, sin alejarnos mucho de la frontera, por si tenían razón los agoreros, nos da mal rollo y decidimos volver a Alemania. No pasa nada de eso, si no que encontramos esa zona del país muy tranquila, bonita y agradable para ir en bicicleta.Nuestro recorrido consistió en una vuelta por la región llamada la GranPolonia haciendo noche en Kostrzyn, Miedzyrzecz, Gorzow, Barlinek y Chojna, donde nos quedamos dos noches. El sábado ya volvimos a Berlín. En total unos 550 km, la mayoría con alforjas.Es una zona agrícola llena de ríos y lagos, con varios parques naturales, y está empezando a desarrollar infraestructura turística. Además de bonito es realmente barato y la gente es bastante amable, lástima que cueste un poco llegar hasta allí. En cuanto a las carreteras, por las secundarias se circula muy bien, pues no hay apenas tráfico, aunque el estado del asfalto es bastante penoso y hay tramos de adoquines. Pero las nacionales son otra cosa; no aptas para cardíacos. Son estrechas, sin arcén, con gran cantidad de camiones y todo el mundo parece llevar mucha prisa. Hay que estar dispuesta a salirse a la cuneta en cualquier momento, pues es frecuente encontrarte a un coche de frente mientras adelanta a otro sin que le preocupe lo más mínimo la presencia de una bicicleta. Hay algún tramo de carril bici, pero más bien parecen tramos de circuitos de ciclo-cross.
Una curiosidad: en Polonia, para circular en bicicleta por carretera hay que tener un carnet. No lo comenteis mucho, no les vaya a llegar la idea a la comisión parlamentaria que ha hecho la nueva ley y decidan incluirlo. Mi bicicleta aún me mareó un poco más. A los dos días descubrí que el muelle del freno de detrás no funcionaba correctamente y cada vez que lo usaba se me quedaba la bici un poco frenada. Solución: usarlo sólo en caso de emergencia. Afortunadamente, las bajadas son cortitas y las velocidades alcanzadas también. La cadena se salía de vez en cuando y el pedal chirriaba a pesar de todo el aceite que le ponía.
Tuvimos buena suerte con el tiempo: algún día que llovió un rato nos pilló a cubierto y sólo el último día estuvo lloviendo durante casi toda nuestra etapa. Y el día que fuimos al aeropuerto para volver a Barcelona, cayó una tormenta en cuanto llegamos.En resumen, ha sido un placer poder unir dos de mis aficiones: la bici y los viajes.Además de un poco de alemán, también he aprendido otras cosas:
1) No hay que hacer caso de los comentarios tremendistas de la gente.
2) Hay que usar una bici adecuada para lo que se quiere hacer.
3) Despacito se ven muy bien las cosas.

2 comentaris:

rivendel ha dit...

valga'm deu Maria..si has fet un m unt de curses i km..no m'estranya que ni et cansis quan sortim!

Gorgonio ha dit...

Bonito viaje y bonita experiencia María. Veo que estás curtida en mil batallas. Yo tengo un amigo en Alemania. Se llama Peter y le conocí pedaleando por las vegas del sur de Madrid. Ya te lo contaré más despacio. El caso es que está empeñado en que vaya por su casa. Vive en Vesta, cerca de la frontera con Bélgica. Saludos.